Washington, D.C. – Durante el National Prayer Breakfast, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que tuvo un papel crucial en la liberación de Mariam Ibrahim, una mujer cristiana encarcelada en Sudán en 2014 por su fe. Su afirmación ha generado reacciones en varios medios.
Trump compartió su versión de la historia, sugiriendo que logró su liberación con una sola llamada telefónica. Este relato se enmarca dentro del contexto de su discurso sobre la persecución religiosa, donde destacó la presión internacional que se ejerció para liberar a Ibrahim, quien fue condenada a muerte en 2014.
Voces críticas han surgido para cuestionar la autenticidad de las afirmaciones de Trump. Un exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional de la administración Obama expresó su sorpresa ante la idea de que Trump hubiera intervenido. Además, especialistas en libertad religiosa han enfatizado que la liberación de Ibrahim se debió a esfuerzos diplomáticos coordinados, no a la acción de un solo individuo.
La historia de Mariam Ibrahim es recordada como un destacado ejemplo de movilización global por los derechos humanos. En 2014, su caso atrajo la atención internacional, lo que resultó en su liberación bajo la administración del presidente Barack Obama, antes de que Trump asumiera el poder en 2017. Registros históricos y reportes indican que no se documenta ninguna acción directa de Trump en su caso.
La afirmación de Trump reabre el debate sobre la precisión de las declaraciones de líderes políticos en temas sensibles. Ibrahim fue recibida en la Casa Blanca por Trump en 2019, pero en esa ocasión no hizo referencia a su supuesta intervención en su liberación. Este episodio subraya la importancia de la verificación de hechos en el discurso público, especialmente en temas de derechos humanos.

