CIUDAD DE MÉXICO. – La figura del Ángel de la Navidad, según relatos, no trae consigo regalos materiales, sino la promesa de nuevos comienzos, sanación emocional y serenidad. Su presencia se asocia a momentos de introspección y búsqueda de paz interior al finalizar el año.
La tradición indica que este ser celestial se acerca a quienes desean dejar atrás cargas, buscar el perdón y la reconciliación consigo mismos. No se manifiesta con apariciones físicas, sino a través de sensaciones internas como una emoción inesperada, un llanto liberador o una profunda sensación de calma.
El encendido de una vela la noche del 21 de diciembre se concibe como un acto simbólico de apertura para recibir la claridad y el sentido que el cierre del año puede aportar, más que una petición formal.
