En Manizales, un ingeniero ha buscado cambiar la historia de los niños en dos barrios vulnerables, Solferino y San Sebastián. Su iniciativa, Chispas de Esperanza, comenzó como un proyecto informal y ha crecido significativamente al ofrecer educación en electrónica y habilidades socioemocionales a los menores.
Nelson, el creador del programa, creció en un entorno marcado por la violencia y la falta de oportunidades. Su historia personal, marcada por el consumo de sustancias, lo llevó a cuestionarse por qué los jóvenes de su barrio parecían condenados a un futuro sombrío. Esto lo motivó a buscar un cambio y a involucrarse en la educación.
Al enfrentar el desafío de rellenar un vacío educativo en su comunidad, Nelson decidió utilizar una pared como un tablero improvisado para enseñar a los niños sobre robótica y circuitos. Su esfuerzo inicial atrajo a poca gente, pero pronto el boca a boca llevó a más jóvenes a participar. Entre condiciones difíciles y una fuerte voluntad, la iniciativa comenzó a florecer.
Chispas de Esperanza se basa en la metodología STEAM, que combina ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas. Actualmente, el programa cuenta con aulas propias y un equipo de seis docentes dedicados, brindando un enfoque integrador que no solo desarrolla habilidades técnicas, sino también capacidades para el trabajo en equipo y la empatía.
Con una duración de cuatro años, el programa busca que, para 2030, uno de cada tres beneficiarios acceda a la educación superior exitosa. La experiencia en Manizales demuestra cómo la educación puede transformar comunidades al involucrar a las familias en el proceso, generando un sentido de pertenencia y mejorando la calidad educativa local.
Con información de caracol.com.co

