El tren recibe 24 mil millones de pesos en subsidios, enfrentando accidentes, costos elevados y baja rentabilidad en su funcionamiento.
El Tren Interoceánico, que sufrió su sexto accidente en diciembre de 2025, continúa recibiendo millones en subsidios a pesar de su bajo uso y reciente parálisis. Este proyecto, inaugurado en diciembre de 2023, fue diseñado para competir con el Canal de Panamá, pero enfrenta fuertes desafíos económicos y técnicos.
Con un presupuesto anual que supera los 24 mil millones de pesos, el 97% de sus costos operativos son cubiertos con recursos públicos. La inversión pública en este ferrocarril, uno de los proyectos clave durante la actual administración, busca impulsar el transporte de carga y pasajeros en una región con limitados desarrollos ferroviarios. Sin embargo, la demanda promedio de pasajeros es solo de 5 mil personas mensuales, muy por debajo de las expectativas iniciales.
El bajo interés en el tren es resultado de múltiples factores. La falta de estudios de factibilidad técnica y económica, así como la escasa planificación en su Plan Maestro, dificultan su sostenibilidad. La construcción se realizó sin un análisis exhaustivo, en línea con decisiones presidenciales recientes. Los costos fijos elevados se mantienen a pesar de que el tren no opera de manera regular.
Expertos señalan que la baja demanda hace insostenible el modelo actual. Los costos de mantenimiento, reparación y renovación tras el accidente incrementan la presión económica. Hasta ahora, las inversiones en obras complementarias, como reforzamiento de vías y mejorar la infraestructura, han sido continuas, pero no garantizan su rentabilidad futura.
La estrategia de inversión en infraestructura en el sureste del país busca reducir desigualdades económicas y promover la industria regional. Sin embargo, el caso del Tren Interoceánico evidencia los riesgos de sostener proyectos con baja demanda sin una planificación sólida. La inversión en proyectos similares, como el Tren Maya, también presenta desafíos por su alto costo y extensión de vías, aunque con mayor potencial de uso.
El tiempo y los recursos destinados al Tren Interoceánico han generado debate sobre la pertinencia de seguir subsidiando un proyecto que aún enfrenta accidentes y baja demanda. La continua inversión en obras de reparación y reforzamiento, incluso tras desastres climáticos, demuestra una estrategia de mantenimiento constante, aunque no necesariamente de rentabilidad.
En este contexto, la evaluación del futuro del tren se vuelve urgente. El gobierno necesita determinar si sus beneficios sociales justifican el nivel de subsidios, considerando la falta de uso y los costos elevados. Mientras tanto, trenes de décadas pasadas aún circulan en algunas rutas, sin sustituir a los modernos trenes planeados inicialmente.
El caso muestra que la geografía y la limitada infraestructura siguen siendo obstáculos en el sureste de México. La apuesta por revitalizar el transporte ferroviario requiere proyectos rentables y la participación del sector privado. La continuidad o cierre del Tren Interoceánico dependerá de una decisión estratégica que priorice la eficiencia y el uso real de la infraestructura.
La historia del Tren Interoceánico revela los retos de la planificación en mega proyectos públicos, donde el dinero y la demanda no siempre se alinean. La sostenibilidad futura dependerá de una revisión técnica, financiera y social profunda, con un enfoque en resultados tangibles para la población.
