Ciudad de México, México. – La economía mexicana enfrenta una paradoja: a pesar de su importancia para Estados Unidos, no ha logrado capitalizar esa ventaja. La presidenta Claudia Sheinbaum se reúne regularmente con empresarios y líderes del sector privado, pero los resultados son desalentadores, con un crecimiento del PIB de solo 0.7% en 2025.
La situación económica se presenta compleja. En los primeros siete meses de 2025, la actividad económica creció apenas un 0.1%. El oficialismo celebró datos que no reflejan una recuperación significativa. La ilusión de crecimiento se desacopla de la realidad, donde la inversión no fluye y las promesas se diluyen en la repetición de esquemas sin resultados tangibles.
El principal obstáculo para el crecimiento radica en decisiones domésticas. La incertidumbre en las políticas públicas y la inestabilidad regulatoria han hecho que los empresarios se sientan inseguros al invertir. Indicadores como la falta de interés en concursos para la concesión de proyectos reflejan esta desconfianza. La inversión pública ha disminuido y la privada, aunque muestra signos de leve recuperación, sigue por debajo de lo esperado.
El clima institucional en México se vuelve cada vez más frágil, lo que aumenta el costo de invertir. Cambios en la ley y la falta de contrapesos generan un entorno menos atractivo. Con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) a la vista en 2026, el tiempo corre en contra del Gobierno, que parece dudar en tomar decisiones fundamentales.
Así, las oportunidades presentes en México se ven empañadas por la falta de reglas claras y creíbles. La geografía ofrece ventajas, pero la inversión se mantiene al margen ante la falta de certidumbre. Sin un cambio en las políticas y en la percepción del entorno económico, la coreografía económica que presenta el Gobierno continuará siendo solo eso: un espectáculo vacío sin rumbo.

