La llegada de Big Brother cambió la dinámica social y mediática en México a inicios de los 2000.
Pedro Torres marcó un hito en la televisión mexicana al introducir Big Brother en los años 2000. Este programa transformó la relación del público con la pantalla, convirtiéndose en un fenómeno social y cultural. No solo creó personajes icónicos, sino que reflejó aspiraciones y tensiones de la sociedad.
Más allá del encierro, la audiencia vivió intensos momentos de conversación y emoción. Programas como Mujeres asesinas también rompieron esquemas, ofreciendo narrativas complejas y audaces. Torres demostró que el entretenimiento podía ser profundo y relevante, desafiando convenciones en la televisión abierta.

