Hace 66 millones de años, un asteroide de aproximadamente 10 kilómetros de diámetro colisionó con lo que hoy es la península de Yucatán. Este evento, conocido como el impacto de Chicxulub, resultó en la extinción de los dinosaurios y más de la mitad de las especies de la Tierra, transformando radicalmente el medio ambiente.
Los investigadores Michael Benton y Monica Grady han reconstruido la experiencia de aquel cataclismo basado en su investigación geológica y paleontológica. Detallan cómo era el ambiente en la zona del impacto, que tenía temperaturas cercanas a 26°C. En los días previos, el asteroide era visible incluso durante el día, aumentando en tamaño como un brillante punto en el cielo.
Al momento de la colisión a la medianoche, una luz intensa se precipitó seguida de un estruendo devastador. El impacto vaporizaría todo en sus cercanías y generaría vientos de magnitudes devastadoras. Las primeras olas masivas de 100 metros arrasaron las costas del Golfo de México, mientras que cualquier forma de vida cercana habría perecido instantáneamente.
Al cabo de una hora, la onda expansiva había recorrido el planeta, oscureciendo el cielo en lugares tan lejanos como Nueva Zelanda. Un día después, los incendios se regaron por grandes extensiones de tierra, bloqueando la luz solar y provocando un colapso en las cadenas alimenticias debido a la falta de fotosíntesis, lo que marcó el inicio de una serie de catástrofes ambientales.
Un año posterior al impacto, el sol permanecía oculto, y las temperaturas descendieron drásticamente. Restos de dinosaurios y reptiles se encontraban por doquier, mientras que los pequeños mamíferos buscaban refugio bajo tierra. A medida que los ecosistemas comenzaban a recuperarse, algunas especies, como tortugas y aves, empezaban a recolonizar los espacios, marcando el inicio de una nueva era evolutiva en el planeta.
Con información de larazon.es

