Ciudad de México. – El Congreso Nacional de Morena se celebró con la elección de Ariadna Montiel como nueva presidenta, en un marco de controversia por la investigación que enfrenta el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por narcotráfico. Esta situación ha generado tensiones en el partido, que trabaja para mantener su imagen ante la oposición.
La elección de Montiel llega en un momento crítico para Morena, que ha sido señalado por supuestos vínculos con el crimen organizado. La presencia de figuras cuestionadas en el Congreso, como Alfredo Ramírez Bedolla y Marina del Pilar, destaca la preocupación interna sobre la corrupción. El partido busca distanciarse de estas acusaciones, reforzando los requisitos para las candidaturas de sus militantes.
Durante el evento, se evidenció la división interna, con grupos como el “Grupo Coyoacán” de Montiel y el “Grupo Tabasco” de Adán Augusto López enfrentados. Este cisma se refleja en la afluencia del congreso, ya que notarios clave no asistieron, incluyendo a figuras como Juan Carlos Loera, lo que pone de relieve las diferencias existentes.
Los nuevos lineamientos propuestos por Montiel tienen como objetivo erradicar la corrupción y el nepotismo en el partido, algo que ha sido un tema recurrente. Con el anuncio de que cualquier sospecha de corrupción eliminará candidaturas, se espera una purga interna, aunque la implementación de estas medidas podría ser un reto dada la resistencia de les simpatizantes involucrados.
A pesar de los desafíos, la gestión de Montiel plantea una oportunidad de transformación en Morena. El mensaje de unidad y renovación es crucial para asegurar la viabilidad del partido en un ciclo electoral venidero, donde debe demostrar que puede salir adelante sin el estigma del narcotráfico.


