A pesar de las instalaciones, la pérdida de playas en la región continúa por fallas en las soluciones y deterioro ecológico.
La persistente erosión costera en Quintana Roo sigue siendo un desafío, a pesar de los esfuerzos por instalar arrecifes artificiales en la zona. Expertos en ingeniería marítima explican que estas estructuras, principalmente hechas con geotubos y geotextiles, no generan sedimento suficiente para restaurar las playas ni proteger la línea de costa de manera efectiva. La falta de un enfoque integral en los proyectos, acompañada de materiales inadecuados y la presencia de aguas residuales sin tratar, agrava la situación y causa un deterioro en los ecosistemas marinos, especialmente en los arrecifes de coral y pastos marinos, que son esenciales para la recuperación natural de las playas. La pérdida de hasta dos metros de arena anuales en algunas áreas evidencia que la erosión persiste desde hace más de una década, impulsada por la degradación de los ecosistemas responsables del mantenimiento del sedimento. Aunque en Yucatán existen más estructuras de protección, los resultados aún muestran una problemática que solo puede atenderse mediante restauración ecológica y fortalecimiento de los hábitats marinos. La creciente demanda turística, junto con la presión ecológica, exige soluciones sostenibles que consideren la salud de los ecosistemas y el equilibrio del entorno. La restauración de corales y la mejora en la conectividad ecológica aparecen como alternativas viables para reducir la pérdida de playas, que representa un patrimonio natural y un recurso vital para la economía local. La protección de las playas no solo garantiza su uso recreativo y turístico, sino también su papel en el equilibrio ambiental, por lo cual toda intervención debe priorizar enfoques sostenibles y responsables.
