Del debate a la polarización: el lenguaje en la política mexicana

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La política mexicana se debate entre la argumentación y el espectáculo del lenguaje soez.

CIUDAD DE MÉXICO. – La libertad de expresión, consagrada en la Constitución de 1917, ha evolucionado desde la censura de facto hasta un escenario donde el discurso político prioriza la polarización emocional sobre el debate argumentado.

Los programas de opinión, concebidos para nutrir el debate público, se han convertido en plataformas donde figuras políticas emplean groserías y descalificaciones para generar rechazo hacia sus oponentes. Este fenómeno, conocido como ‘affective framing’, desplaza la discusión de fondo hacia el escándalo y la indignación.

La comunicación política actual se asemeja a una performance y un espectáculo, donde voceros de partidos y gobiernos escenifican confrontaciones y construyen villanos mediante el uso reiterativo de registros vulgares. El objetivo es movilizar sentimientos como la indignación, el desprecio y el enojo, en lugar de presentar argumentos o datos fácticos.

Siguiendo a George Lakoff, el debate político se gana ahora activando marcos morales preexistentes y apelando a emociones, más que mediante razonamientos lógicos o verdades comprobables, alejando así el diálogo constructivo.

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