La reducción de envíos impacta especialmente a regiones vulnerables y refleja un contexto económico complejo
Las remesas que recibe México desde el extranjero han experimentado una tendencia a la baja durante tres meses consecutivos en 2024. En junio, los envíos sumaron 5,201 millones de dólares, lo que representa una caída interanual del 16.2%, el descenso más severo desde septiembre de 2012. Este descenso empieza a reflejarse en diversos municipios del país, especialmente en aquellos cuya economía depende casi en exclusiva de estos recursos.
De acuerdo con el reporte publicado este jueves por el Banco de México, el acumulado semestral de remesas en 2024 alcanza los 29,576 millones de dólares, lo que implica una disminución del 5.6% en comparación con el mismo periodo del año anterior. La tendencia a la baja en los envíos sugiere un escenario económico complejo para las comunidades receptoras, particularmente en regiones vulnerables.
Gabriela Siller, analista de Grupo Financiero BASE, afirmó que las remesas se desplomaron debido a la baja en la creación de empleo en Estados Unidos para los migrantes mexicanos y al temor de estos a salir por la posibilidad de ser deportados. Según sus proyecciones, la tendencia podría continuar a la baja durante el resto del año, afectando el consumo interno en México.
Aunque las remesas no representan una variable de peso en la macroeconomía, dado que no tributan y constituyen poco más del 3% del Producto Interno Bruto, su impacto en las regiones más dependientes es profundo. En municipios de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Guanajuato, estos envíos constituyen la principal fuente de ingreso para muchas familias, actuando como un motor crucial del consumo local.
La reducción en los envíos, sumada a la apreciación del peso frente al dólar —que disminuye el valor de los dólares en términos reales—, afecta directamente el poder adquisitivo de los hogares receptores. La escasez de recursos impacta principalmente en la adquisición de alimentos, ropa y medicamentos, profundizando las desigualdades regionales. La situación evidencia la vulnerabilidad de estas comunidades ante fluctuaciones económicas internacionales.
El informe del Banco de México también señala que, con esta caída, el superávit de la cuenta de remesas se redujo a 5,088 millones de dólares, una disminución de mil millones respecto a junio de 2024. En el acumulado del primer semestre, el superávit fue de 28,989 millones de dólares, menor que en el mismo periodo del año anterior, reflejando la tendencia decreciente en los envíos.
Asimismo, el número de transacciones de remesas en junio disminuyó a 12.7 millones, comparado con casi 15 millones en el mismo mes del año anterior. El monto medio enviado fue de 409 dólares, apenas por debajo del promedio del año previo, lo que indica una tendencia de menor volumen en los envíos.
La mayoría de las remesas se continúan enviando vía electrónica, con más de la mitad cobradas en efectivo, lo que revela aún la fuerte presencia de la informalidad en los hogares receptores. Por otro lado, los egresos de remesas desde México hacia otros países aumentaron un 2%, totalizando 113 millones de dólares en junio, aunque en montos mucho menores que los envíos recibidos.
En conjunto, estos datos reflejan un escenario en el cual menos recursos ingresan a las familias mexicanas más vulnerables, mientras que los recursos que salen desde el país aumentan ligeramente. La tendencia genera alarma en las regiones donde cada dólar representa una comida o una medicación, y en donde la vulnerabilidad social se acentúa por estas fluctuaciones.
Por ahora, las cifras son una alerta sobre la situación económica y social en diversas comunidades mexicanas. La disminución en las remesas no solo refleja un entorno internacional desafiante, sino que también tiene consecuencias inmediatas en las condiciones de vida de quienes dependen casi exclusivamente de estos recursos. La atención a estas regiones será clave para mitigar el impacto social y económico en los próximos meses.
