A pesar del crecimiento regional, México enfrenta su primera reducción en remesas en años, mientras Centroamérica y otras regiones muestran dinamismo.
En 2025, América Latina y el Caribe experimentarán un nuevo récord en ingresos por remesas, alcanzando aproximadamente 174 mil 400 millones de dólares. Sin embargo, este crecimiento regional se entiende en un contexto de divergencias, ya que México, el principal receptor, sufrirá su primera caída significativa en los últimos años, con una disminución estimada del 4.5%. La reducción equivale a cerca de 3 mil millones de dólares respecto a 2024 y responde a múltiples factores, incluyendo la menor participación de migrantes mexicanos en Estados Unidos y cambios en el perfil laboral de estos trabajadores. A pesar de esta contracción en dólares, el poder de compra en el hogar no se verá severamente afectado debido a la depreciación del peso y controles inflacionarios.
Desde hace seis meses, la tendencia a la baja se ha consolidado, pues en septiembre de 2025, la recepción de remesas disminuyó por sexto mes consecutivo, según datos del Banco de México. La suma de 5 mil 214 millones de dólares en ese mes refleja un retroceso del 2.7% respecto al mismo período del año anterior. Por otro lado, Centroamérica se destaca por un crecimiento de más del 20%, impulsado por migrantes que, ante la incertidumbre económica en Estados Unidos, recurren a ahorros y horas extras para mantener el flujo financiero a sus familiares. La región también observa aumentos en el resto de Sudamérica y el Caribe, consolidando su papel como motores de un ingreso que ha demostrado gran resiliencia en medio de la volatilidad global.
A pesar de estos resultados positivos, los especialistas advierten que el impulso de los últimos años enfrenta señales de agotamiento. La dependencia de estrategias transitorias, como el ahorro y el trabajo adicional, explica en parte el crecimiento, pero si las condiciones de las migraciones y los empleos permanecen estancadas, el ritmo de incremento en las remesas podría desacelerarse notablemente. Este escenario puede impactar la economía de millones de hogares que utilizan estos fondos como una de sus principales fuentes de ingreso, poniendo en riesgo su estabilidad social y económica a largo plazo.
En perspectiva, aunque las remesas continúan siendo una red de protección social fundamental, la tendencia actual indica una posible transición hacia un crecimiento más moderado. La región enfrenta retos para mantener estos flujos y evitar que la desaceleración afecte el bienestar de millones de personas en situación vulnerable, especialmente en un contexto de incertidumbre global y cambios en las dinámicas migratorias.
