Aunque se pronostica un rebote, las remesas seguirán por debajo de los niveles de 2024, afectadas por el mercado laboral estadounidense y el peso mexicano.
Las remesas enviadas desde Estados Unidos hacia México enfrentan un año marcado por una disminución en su volumen y capacidad adquisitiva, debido a un mercado laboral estadounidense con signos de desaceleración y condiciones adversas que dificultan la migración. A lo largo de 2025, los envíos han registrado una disminución sostenida, afectando el consumo en las comunidades receptoras, dado que estas remesas representan aproximadamente el 5% del gasto nacional.
Las cifras oficiales muestran que en octubre ingresaron aproximadamente 5,635 millones de dólares, lo que, aunque representa una mejora respecto a septiembre, implica una caída del 1.7% en comparación anual y acumula siete meses consecutivos en descenso. La cantidad total enviada en lo que va del año se sitúa en un 5.1% por debajo del mismo periodo de 2024, reflejando las complicaciones que enfrentan los migrantes y las restricciones migratorias en su tránsito hacia el país del norte. Además, la apreciación del peso mexicano ha reducido el poder de compra de estas remesas en el país, agravando la situación.
Para 2026, los expertos proyectan una modesta recuperación del 2.7% en términos reales, lo que significa que, aunque los envíos en dólares aumentarán ligeramente, el valor en términos de poder adquisitivo no logrará remediar las pérdidas de los años previos. Este desempeño dependerá de que las políticas migratorias en Estados Unidos se estabilicen, particularmente en un contexto donde la administración de Donald Trump ha expresado intenciones de endurecer los controles migratorios, afectando el flujo de remesas. A pesar de la ligera mejora proyectada, las remesas en 2026 seguirán siendo un punto crítico para la economía mexicana, con niveles inferiores a los registrados en 2024.
