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Redes sociales impactan en trastornos alimentarios en jóvenes

La exposición a contenido irreal en redes sociales eleva el riesgo de trastornos de alimentación en jóvenes, resaltan especialistas. La detección temprana es clave.

Por Redacción1 min de lectura
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La exposición a estereotipos de belleza irreales en plataformas digitales aumenta el riesgo de desórdenes en adolescentes y niños, alertan expertos.

El uso extendido de las redes sociales está convirtiéndose en un factor que amenaza la salud mental y física de la población adolescente y juvenil, al promover estereotipos de belleza inalcanzables y contenido distorsionado. La constante exposición a imágenes filtradas y mensajes que refuerzan cánones de perfección pueden alterar la percepción del cuerpo y los hábitos alimenticios, generando trastornos que afectan tanto emocional como físicamente a los jóvenes.

Este fenómeno contribuye al aumento de diagnósticos de trastornos alimentarios, como anorexia y bulimia, que en sus etapas más graves pueden derivar en problemas de salud severos, incluyendo alteraciones hormonales y daños en órganos. La presencia de estas patologías, caracterizadas por conductas descontroladas relacionadas con la alimentación y la imagen corporal, representa una grave preocupación global, pues también se relacionan con síntomas de depresión, baja autoestima y pensamientos suicidas.

Para entender su alcance, es importante considerar que estas alteraciones muchas veces pasan desapercibidas por los propios adolescentes, quienes carecen de la madurez necesaria para distinguir fantasía de realidad. La reproducción de estándares irreales puede tener consecuencias duraderas en la salud física, como problemas cardíacos y dentales, además de impactar el desarrollo neurológico y hormonal.

Por ello, expertos en salud mental recomiendan una vigilancia atenta por parte de los padres, fomentando la revisión periódica con profesionales, la detección temprana de conductas sospechosas y la promoción de una imagen corporal positiva. La recuperación requiere un trabajo constante y multidisciplinario, donde la terapia cognitivo-conductual juega un papel fundamental. La sensibilización y educación en el hogar y en las escuelas son esenciales para prevenir estos riesgos.

La Organización Mundial de la Salud clasifica estos trastornos como desórdenes mentales complejos que necesitan atención especializada para evitar daños irreparables en la salud integral de los jóvenes y su bienestar emocional.

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