La petrolera mexicana continúa sumida en dificultades financieras pese a apoyos gubernamentales, con una significativa caída en producción y aumento de deuda.
Pemex, la empresa petrolera estatal de México, atraviesa una profunda crisis financiera que la posiciona como una de las compañías con mayor riesgo a nivel mundial. En el tercer trimestre de 2023, reportó una pérdida neta de más de 61 mil millones de pesos, equivalente a unos 3 mil 344 millones de dólares, tras experimentar una recuperación respecto a la misma fecha del año anterior, cuando sufrió una pérdida de más de 161 mil millones de pesos. La disminución en los resultados negativos se atribuye a menores costos de operación y una recuperación cambaria favorable.
A pesar de estos esfuerzos, la compañía enfrenta múltiples desafíos. La producción de hidrocarburos líquidos cayó un 6.7%, concentrada en la declinación de campos maduros y retrasos en infraestructura, alcanzando 1.65 millones de barriles diarios. Paralelamente, sus ingresos totales disminuyeron en más de 11%, situándose en 378 mil 881 millones de pesos, debido a menores volúmenes de exportación y precios internacionales más bajos. La deuda total escaló a más de 517 mil millones de pesos a septiembre de 2023, mientras que las obligaciones con proveedores también crecieron, reflejando la difícil situación financiera.
En un esfuerzo por estabilizar sus finanzas, el gobierno mexicano ha anunciado un paquete de apoyo que incluye la inyección de aproximadamente 12 mil millones de dólares en diversos fondos y líneas de crédito, además de transferencias específicas para el pago de deuda en 2026. Sin embargo, los analistas indican que, para recuperar su sostenibilidad, Pemex necesita reducir su carga de endeudamiento y revertir la tendencia a la baja en producción, aspectos cruciales para su viabilidad a largo plazo.
Desde un contexto global, Pemex representa un caso emblemático de las dificultades que enfrentan muchas empresas petroleras en un mercado marcado por precios volátiles y reformas regulatorias. La situación actual de la empresa refleja los retos inherentes al modelo de soberanía energética y a la transición hacia energías más limpias, que exige mayor eficiencia y gestión de activos.
