A pesar de un crecimiento del 2.4% en el PIB, millones de trabajadores enfrentan ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas, evidenciando un reto en calidad de empleo y bienestar social.
México finalizó el año 2025 con un crecimiento del 2.4% en su Producto Interno Bruto, impulsado principalmente por el incremento en el consumo interno y la expansión de actividades relacionadas con el nearshoring. Este fenómeno, que atrajo inversiones superiores a los 35 mil millones de dólares, ha generado nuevas oportunidades en sectores como manufactura, logística y automotor. Sin embargo, este crecimiento macroeconómico no está reflejándose en mejoras para millones de trabajadores.
La pobreza laboral—la situación en la que las personas, a pesar de trabajar, no alcanzan a cubrir los gastos de la canasta básica—ha registrado un aumento, alcanzando al 37.7% durante el tercer trimestre de 2025. Esto significa que más de 37 millones de mexicanos con empleo formal no disponen de ingresos suficientes para solventar lo esencial, incluso en hogares con dos adultos laborando. La realidad contrasta con la narrativa oficial de estabilidad económica y creación de empleos, evidenciando una falla en la calidad de los empleos generados.
El salario promedio en México se sitúa en aproximadamente 7,800 pesos mensuales, mientras que la canasta básica urbana cuesta en promedio 4,300 pesos por persona. En un hogar con dependientes, esta diferencia se amplifica, dejando a muchas familias en una situación precaria. La mayoría de los empleos en sectores en auge, como la industria automotriz, pagan salarios que oscilan entre 9 mil y 12 mil pesos mensuales, claramente insuficientes para sostener un nivel de vida digno.
Este escenario revela la desconexión entre los indicadores macroeconómicos y la realidad de millones de mexicanos, poniendo en evidencia que el progreso económico no está garantizando bienestar social. Si la tendencia de aumento en la pobreza laboral continúa, el consumo interno, motor clave del crecimiento, podría estancarse, generando inestabilidad social y afectando la competitividad del país. La situación evidencia la necesidad de políticas que vinculen crecimiento con salarios dignos, capacitación y productividad, para evitar que las cifras económicas oculten una realidad cada vez más difícil para la población trabajadora.
Es importante considerar que, en comparación con otros países de la región, México permanece rezagado en salarios promedio, lo que limita su capacidad para atraer y retener talento y mantener una economía competitiva y socialmente justa.
El focus en indicadores económicos sin atender las condiciones laborales y de bienestar puede convertirse en un riesgo a largo plazo, pues el verdadero desarrollo social requiere un equilibrio entre crecimiento y calidad de vida.
