Ciudad del Cabo, Sudáfrica. – Juliette Bryant, una de las víctimas de Jeffrey Epstein, rompe el silencio sobre el abuso que sufrió a sus 20 años. Su relato pone de manifiesto el alcance global de las operaciones de Epstein para atraer y explotar a jóvenes vulnerables, extendiendo el horror más allá de Estados Unidos y Europa.
Bryant fue reclutada en un restaurante por mujeres que trabajaban para Epstein, y luego enviada a Nueva York. Un viaje en un jet privado hacia el Caribe se convirtió en su pesadilla. Durante el vuelo, el financista abusó de ella mientras sus reclutadoras se reían de su sufrimiento, un acto cruel que marcó el inicio de su trauma.
Una vez en la isla privada, Juliette se encontró completamente aislada, sin forma de escapar. La joven relató que le quitaron su pasaporte y se sintió atrapada, enfrentándose a un ciclo de abuso repetido. “No había forma de escapar… no era lo suficientemente fuerte para nadar fuera de ahí”, expresó la sobreviviente, quien fue obligada a acudir a la habitación de Epstein en reiteradas ocasiones.
El control psicológico al que fue sometida fue devastador. A pesar de haber sido liberada, Juliette recuerda que enviaba correos electrónicos a Epstein, movida por un miedo constante a ser vigilada. Este vínculo de terror persiste en la memoria de muchas víctimas, quienes se sienten constantemente acechadas por su pasado.
El impacto del caso Epstein resonó fuertemente en los medios de comunicación. Sin embargo, la exposición a la que están sometidas las sobrevivientes no ha hecho más que agravar su sufrimiento. Ver imágenes de su abusador en redes sociales provoca un malestar físico en Juliette Bryant, evidenciando que el camino hacia la sanación sigue siendo un reto complejo y doloroso.

