Este fenómeno actual impacta en cómo se perciben temas cruciales hoy.
Desde la década de 2010, los influencers han evolucionado de creadores de contenido divertidos a figuras relevantes en la opinión pública. Su poder de convocatoria puede generar campañas sociales y polémicas significativas. Sin embargo, también enfrentan riesgos como la desinformación y el odio digital.
Las plataformas imponen reglas para mitigar el discurso dañino, aunque no siempre aplican sus sanciones de manera uniforme, lo que genera un entorno digital complicado para estos creadores. Ejemplos recientes en México muestran cómo las redes han amplificado el odio hacia figuras públicas, desatando conflictos entre sus seguidores.
El debate sobre la regulación de los influencers en México es cada vez más relevante, especialmente en el contexto del uso indebido de su imagen y la creciente influencia de la inteligencia artificial.

