Expertos advierten que una relajación monetaria prematura podría intensificar las presiones inflacionarias y perjudicar el poder adquisitivo de los mexicanos.
La estabilidad de los precios en México continúa siendo un reto principal para la política económica del país, ya que la inflación subyacente no ha mostrado señales de disminuir de manera significativa. Este indicador, que excluye elementos volátiles como energía y alimentos no elaborados, aún mantiene niveles por encima del 4.20%, revelando que las presiones inflacionarias persisten en la economía. La tendencia al alza en las expectativas inflacionarias para 2025 y 2026 refuerza la necesidad de mantener una postura cautelosa en la política monetaria. Históricamente, un incremento sostenido en los precios afecta directamente el poder adquisitivo de la ciudadanía, poniendo mayor presión en los gastos cotidianos y en la economía familiar. En un escenario donde el Banco de México considere reducir las tasas de interés antes de tiempo, existe el riesgo de que los niveles de inflación mantengan su tendencia al alza, generando un impacto regresivo en la población y complicando la recuperación económica. La Junta de Gobierno del Banco Central ha señalado que su objetivo es que la inflación general converja de manera ordenada y sostenida hacia una meta del 3% para mediados de 2026, priorizando la estabilidad a largo plazo.
