La inflación subyacente alcanzó su menor nivel desde 2009, generando expectativas sobre posibles cambios en la política monetaria en México.
En la primera mitad de agosto, la inflación subyacente en México mostró un retroceso significativo, situándose en un 0.09% quincenal y un 4.21% anual, cifras que representan su nivel más bajo desde 2009. Aunque este descenso superó las expectativas de analistas, quienes proyectaban un 0.14%, el indicador aún se mantiene por encima del objetivo del Banco de México (Banxico), que es del 3%, y continúa siendo un motivo de preocupación para la política monetaria del país.
Este índice es fundamental porque evalúa los precios de bienes y servicios considerados más estables, como alimentos procesados, vivienda, colegiaturas y restaurantes, proporcionando así una visión más clara de la tendencia inflacionaria a mediano plazo. La persistencia de tasas superiores al 4% alimenta el debate acerca de si Banxico debe continuar con recortes en las tasas de interés o frenar dichas reducciones para asegurar una convergencia definitiva hacia la meta inflacionaria para 2026. La reciente desaceleración ofrece un respiro, pero la unanimidad en la junta de gobierno acerca de reducir tasas aún no se ha establecido, pues algunos integrantes consideran que las presiones en precios son temporales y que la economía aún requiere cautela.
Diversas instituciones financieras comentaron que la mejora en las cifras fue impulsada por la estabilidad en el precio de mercancías, mientras que en el sector de servicios, algunos costos como los en restaurantes siguieron subiendo. La firma XP destacó que la disminución en alimentos procesados ayudó a que el reporte fuera favorable para la expectativa de un recorte en la tasa de interés en la próxima sesión de septiembre. Por su parte, Banamex estimó que la inflación subyacente podría cerrar 2025 en torno al 3.9%, aunque prevé que ciertos precios de mercancías volverán a subir gradualmente.
El último análisis de Banxico refleja diferentes posturas: algunos miembros consideran que las presiones en precios son transitorias debido a choques externos, mientras que otros apuntan que la inflación subyacente aún no muestra una tendencia clara a la baja, lo que sugiere que las decisiones de política monetaria requerirán mayor cautela. En definitiva, aunque los datos de agosto ofrecen un alivio, la discusión acerca de mantener o modificar el ritmo de las reconsideraciones continúa, hasta que la inflación subyacente confirme una trayectoria sostenida hacia la meta del 3% en 2026.
