La inflación mensual se mantiene en niveles controlados, aunque el índice anual se acerca a la meta del Banco de México, afectando precios en sectores clave.
Durante la primera quincena de octubre, la variación de precios al consumidor indicó un incremento de 0.28%, situando la inflación anual en 3.63%, datos que reflejan una tendencia de estabilización en los precios en México. El índice del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) alcanzó los 141,608 puntos, manteniéndose dentro del rango objetivo establecido por el Banco de México. Sin embargo, el incremento en ciertos bienes y servicios revela factores que continúan influyendo en el costo de vida.
Entre los productos con mayores aumentos se encuentran la electricidad, el transporte aéreo y la vivienda propia, sectores que muestran un aumento en los precios frente a periodos anteriores. Por otro lado, productos básicos como el huevo, el pollo y el jitomate experimentaron una disminución en sus precios, aportando cierta estabilidad en el mercado alimentario. El índice de precios subyacente, que elimina la volatilidad de alimentos y combustibles, presentó un aumento de 0.18% en la quincena y un incremento anual de 4.24%, sirviendo como referencia para evaluar la tendencia real de la inflación subyacente.
El componente de precios no subyacentes, que incluye energéticos y tarifas reguladas, creció un 0.64% en el mismo periodo y un 1.58% en el año, evidenciando la sensibilidad de estos sectores a cambios regulatorios y de mercado. La inflación cerró 2024 con un aumento del 4.21%, cifras que se mantienen por debajo de las expectativas del mercado y de años previos, en línea con la política monetaria del Banco de México, que en septiembre redujo la tasa de interés a 7.5% para favorecer la recuperación económica sin desbordar la inflación.
La variación de precios en el índice de consumo mínimo mostró un crecimiento moderado, contribuyendo a mantener una inflación controlada en el país. Este comportamiento sitúa a la economía mexicana en un escenario en el que las decisiones de política monetaria deberán equilibrar el control de la inflación y el estímulo al crecimiento, especialmente ante un contexto internacional de volatilidad.
