Oñati, Gipuzkoa. – La Semana Santa en Oñati en el pasado se caracterizaba por el sonido inconfundible de las matracas, un instrumento que marcaba el inicio de las actividades religiosas durante Jueves y Viernes Santo. Este símbolo de luto sustituía a las campanas, prohibidas en esos días.
Las matracas, elaboradas con madera y hierro, eran comunes desde la Edad Media, utilizadas originalmente en conventos para convocar a la oración. Su ruido fuerte y molesto terminó convirtiéndolas en sinónimo de algo incordiante, aunque en el contexto de la celebración, su sonido se volvía familiar y significativo.
Durante la Misa Mayor del Domingo de Ramos, la Corporación del pueblo asistía con ramos de laurel, mientras que el Jueves Santo comenzaba con un oficio matutino en el convento de Bidaurreta. Las autoridades realizaban un recorrido por distintas estaciones, acompañados por la matraca que anunciaba cada actividad religiosa.
El Viernes Santo presentaba un ambiente solemne; las procesiones eran un momento de gran relevancia, donde el silencio predominaba, y ningún vehículo circulaba. La comunidad se unía en oraciones visitando iglesias y capillas, rememorando la Pasión de Cristo, evidenciando la unión y la esencia de la celebración.
La Semana Santa culminaba con el Domingo de Pascua, donde la Procesión del Encuentro celebraba la resurrección. Este evento, junto con el rico simbolismo cultural, destaca la importancia de las tradiciones en Oñati y su conexión con las costumbres perdidas en el tiempo.

