La comunidad académica suspendió clases en varias escuelas del sistema por seguridad, en medio de un contexto de violencia y discursos de odio en línea.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha registrado un fuerte movimiento de protesta por parte de sus estudiantes, quienes decidieron suspender actividades en diversos planteles tras recibir amenazas relacionadas con un reciente ataque ocurrido en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur. La acciones comenzaron en esa estación y posteriormente se extendieron a otros campus, incluidos los de la Escuela Nacional Preparatoria, que también han interrumpido clases ante advertencias de bombas y posibles agresiones armadas.
Este fenómeno coincidió con una serie de incidentes de violencia en la capital mexicana, que además evidencian cómo discursos de odio expresados en espacios digitales están teniendo un impacto directo en el entorno escolar. Diversos actores en internet, en particular comunidades que alojan ideas ultraconservadoras, machistas y misóginas, están siendo señalados como catalizadores de estos hechos. La llamada “manosfera”, un conjunto de foros, redes sociales y videojuegos donde proliferan discursos de resentimiento y rechazo hacia las mujeres, ha sido identificada como un escenario en el que se gestan y difunden movimientos radicales con potencial de radicalización.
Expertos advierten que estos discursos en línea, alimentados por grupos como los denominados “incels”, no solo generan un ambiente de hostilidad digital, sino que también tienen consecuencias reales que afectan la seguridad y bienestar de los estudiantes. La respuesta de las autoridades educativas incluyó denuncias formales ante las fuerzas policiales y el establecimiento de medidas preventivas para garantizar la integridad de la comunidad académica. La situación pone en evidencia la necesidad de abordar de manera integral la radicalización en plataformas digitales y fortalecer los mecanismos de protección en los centros educativos.
Este contexto resalta la importancia de entender cómo la interacción entre violencia digital y física puede estimular manifestaciones de inseguridad en espacios tradicionales de aprendizaje, impulsando medidas que combinen monitoreo, educación en línea responsable y acciones para promover un entorno escolar seguro y respetuoso.
