El Producto Interno Bruto cae 0.3%, mientras la producción interna se deteriora y el país necesita reorientar su estrategia económica hacia el mercado doméstico.
México atraviesa un momento complejo en su desempeño económico, evidenciado por una caída del 0.3% en su Producto Interno Bruto (PIB) durante el último año, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Este descenso refleja una tendencia negativa en la producción, que además muestra signos de deterioro respecto al semestre anterior, lo que sugiere que la economía podría experimentar un comportamiento aún más débil en los próximos meses.
La variación del PIB por habitante muestra una disminución de aproximadamente 1.1%, lo cual indica que, en promedio, la población mexicana ha visto empobrecerse. Sin embargo, no todos los sectores económicos presentan la misma dinámica: mientras las actividades primarias, como la agricultura, crecieron un 3%, las secundarias, especialmente la industria manufacturera y la construcción, registraron caídas significativas, con una reducción de hasta 2.9% en algunas áreas industriales.
Un análisis profundo revela que la economía de México se encuentra fragmentada en dos carriles principales. Por un lado, la producción orientada a la exportación, principalmente hacia Estados Unidos, ha mostrado cierta resiliencia y continúa siendo un motor relevante para la actividad productiva. Por otro lado, la producción destinada al mercado interno, que incluye manufactura, construcción y agricultura, enfrenta una crisis estructural, con reducciones superiores al 10% en varios subsectores en los últimos años.
Esta situación plantea un desafío: ¿cómo puede México mejorar el bienestar de su población y reducir la pobreza cuando su producción interna se deteriora? A pesar del crecimiento en consumo de bienes, la proporción de productos nacionales en el mercado ha disminuido, mientras que la importación ha aumentado en más de 58% en torno a los últimos años. Esto evidencia una dependencia creciente de insumos externos y una desatención a la producción local.
Para revertir esta tendencia, expertos coinciden en que es urgente abandonar la lógica del libre comercio que favorece la dependencia del mercado externo. En cambio, se debe apostar por revitalizar la producción nacional en bienes básicos, como alimentos, vestimenta, electrodomésticos y componentes estratégicos, fortaleciendo así la seguridad y sustentabilidad del país en un entorno internacional cada vez más incierto y potencialmente hostil. La recuperación de una economía sólida y autocontenida requerirá una transformación ideológica y una política de apoyo firme a la economía interna.
