La actividad productiva del país muestra signos de debilidad, con una recuperación lenta prevista para 2026, mientras las remesas y la inversión siguen en descenso.
La economía mexicana continúa mostrando señales de estancamiento, con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 0.3% en el tercer trimestre, tras lo cual se espera que el crecimiento sea muy modesto en los próximos años. Expertos advierten que, aunque no se prevé una recesión técnica, la tendencia apunta hacia un período prolongado de bajo dinamismo, caracterizado por la debilidad en el consumo interno, la reducción en las remesas familiares y una inversión pública y privada que mantiene niveles bajos.
Este panorama se ve reflejado en la contracción de sectores clave, como la industria manufacturera, que sufrió una caída del 1.5% trimestral y del 2.9% anual, integrando además una disminución significativa en la inversión en capital fijo. La menor afluencia de recursos del gobierno en infraestructura y la persistente alta tasa de interés impactan negativamente en la generación de empleos formales y en la confianza del sector privado para emprender nuevos proyectos.
Aunque se estima que en 2026 la economía mexicana pueda experimentar un ligero repunte, alcanzando un crecimiento cercano al 1.07%, los analistas coinciden en que la recuperación será limitada y no revertirá las tendencias actuales. La cautela en las políticas económicas y el fortalecimiento del mercado interno serán fundamentales para evitar un deterioro aún mayor en el escenario económico nacional.
Como contexto, expertos señalan que los efectos de las disputas comerciales internacionales y las restricciones en el comercio exterior, en particular por los aranceles impuestos por Estados Unidos, han contribuido a frenar la expansión de las exportaciones y a ralentizar la inversión extranjera. La situación requiere una estrategia integral que apunte a estabilizar el consumo, promover la inversión y diversificar los mercados para garantizar un crecimiento sostenido en el mediano plazo.
