Mientras en el exterior se debate la regulación y responsabilidad de las plataformas digitales, México se mantiene ajeno a estos temas esenciales para la sociedad digital actual.
Durante las últimas décadas, el avance de las redes sociales ha transformado la comunicación, influenciado la política y modificado los patrones de consumo en todo el mundo. Sin embargo, México ha permanecido en gran medida al margen de los debates internacionales sobre la regulación y responsabilidad de estas plataformas. En Europa, se intensifican los esfuerzos por exigir mayor transparencia y protección de datos, enfrentando a gigantes como TikTok y Facebook que enfrentan demandas para revelar sus algoritmos y limitar el acceso a información personal. Estas iniciativas buscan evitar que las empresas prioricen beneficios económicos sobre la seguridad y privacidad de los usuarios.
Mientras tanto, en Estados Unidos y otros países, la discusión a menudo se centra en temas como la protección de los menores y los riesgos de adicción, además del impacto de la inteligencia artificial en la sociedad. Se enfrentan a una realidad donde la autorregulación ha resultado insuficiente, evidenciando la necesidad de leyes y políticas públicas que respondan a estos retos tecnológicos.
En este contexto, México ha mostrado una notable indiferencia hacia estas discusiones globales, salvo en casos relacionados con la desinformación o el uso malintencionado de la inteligencia artificial, como el reciente rechazo a un deepfake que afectó a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La falta de una estrategia oficial en temas digitales refleja un retraso en la comprensión de la importancia de regular y orientar el uso de las plataformas que moldean la opinión pública y el comportamiento social.
La historia del desarrollo tecnológico evidencia que la inacción puede tener consecuencias serias, especialmente cuando las plataformas digitales ahora influencian desde elecciones hasta la formación de opiniones y la salud mental, especialmente de los jóvenes. Es imperativo que México active su participación en estos debates, involucrando a académicos, periodistas, autoridades y sociedad civil, para trazar un camino que favorezca un uso responsable y ético de las tecnologías emergentes.
Reconocer esta laguna y actuar pronto será clave para proteger el bienestar digital de la población mientras se alinean las políticas nacionales con los avances internacionales en regulación y responsabilidad de las plataformas digitales.
