Lima, Perú. – José María Balcázar asumió el cargo de presidente de Perú, convirtiéndose en el octavo mandatario del país en la última década. Este hecho resalta la profunda inestabilidad política que vive Perú, donde la fragmentación de partidos y la falta de mayorías han llevado a constantes cambios de liderazgo.
La actual dinámica política permite que dos o tres facciones del Congreso se unan para destituir a un presidente bajo el argumento de “incapacidad moral”, un concepto que abarca desde insultos hasta actos de corrupción. Esta situación refleja un desequilibrio en el sistema de poderes del país, donde el Congreso tiene el control sobre el Ejecutivo, haciendo casi imposible que el presidente disuelva el Parlamento.
El politólogo Carlos Meléndez afirma que el Congreso, como principal ente de poder, no muestra interés en reformar un sistema que favorece sus intereses. La ineficacia de los presidentes recientes, incluidos Martín Vizcarra y Dina Boluarte, ilustra cómo la predominancia de una clase política fragmentada y corrupta ha debilitado la gobernabilidad.
Históricamente, Perú había tenido presidentes que completaban sus mandatos, pero desde 2016 la situación ha cambiado dramáticamente. En la última década, los presidentes han durado un promedio de 14 meses en el cargo, lo que revela un estilo de gobierno caracterizado por la inestabilidad. A pesar de que las elecciones generales se celebrarán el 12 de abril, no hay señales de que los partidos políticos estén dispuestos a ceder poder o a reformar la estructura actual.
La situación en Perú es un claro ejemplo de cómo la falta de cohesión política y la corrupción crónica pueden afectar la estabilidad de un gobierno electo. El futuro político del país parece incierto a medida que los votantes enfrentan la disyuntiva de elegir entre partidos igualmente fragmentados y débiles.

