La Habana, Cuba. – La isla enfrenta una grave crisis energética, exacerbada por las sanciones impuestas por Estados Unidos y la falta de suministro de petróleo de Venezuela. Ante este panorama, China y Rusia están reconsiderando su asistencia a Cuba, un país que depende históricamente de sus aliados.
La administración de Donald Trump ha implementado medidas que limitan el envío de crudo a Cuba, provocando apagones que afectan a más del 60 % de la población. Con la captura de Nicolás Maduro, ex presidente de Venezuela, la nación caribeña se encuentra sin su principal proveedor de combustible. Los aranceles amenazados por EE. UU. han llevado incluso a México a interrumpir sus envíos.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha calificado la situación de “compleja”, a pesar de la afirmación de Trump de que la isla se encuentra al borde del colapso. Las declaraciones de Díaz-Canel contrastan con la gravedad de la crisis, que ha llevado a la suspensión de vuelos internacionales debido a la falta de combustible.
China y Rusia, aliados tradicionales de Cuba, han manifestado su intención de ayudar, aunque con limitaciones. Según Carlos Aquino, economista de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, China podría ofrecer algo de petróleo y alimentos, pero no a costa de deteriorar sus relaciones con Estados Unidos. La falta de reformas económicas en Cuba también frena un apoyo más sosteniendo por parte del gigante asiático.
Rusia, por su parte, enfrenta un panorama aún más complicado. Aunque el Kremlin ha declarado su interés en enviar crudo, su posición está restringida por el contexto internacional y su enfoque primordial en el conflicto en Ucrania. Saudi Arabia ha mostrado más interés en fortalecer la relación con Moscú, lo que limita cualquier medida de apoyo significativa hacia Cuba.
La estrategia de ambos países parece ser proporcionar ayuda limitada sin provocar a Estados Unidos, cuya influencia sigue siendo preponderante en la región.

