La disminución en los envíos desde Estados Unidos afecta a millones de familias mexicanas que dependen de estas transferencias para cubrir necesidades básicas.
Durante los primeros diez meses de 2025, las familias mexicanas han recibido aproximadamente 51 mil 344 millones de dólares en remesas, lo que representa una reducción del 5.1% comparado con el mismo periodo del año anterior. Esta tendencia supone la primera caída anual en más de una década, siendo la más significativa desde 2009, cuando las transferencias disminuyeron un 15.7%. La reducción se concentra en una menor cantidad de operaciones, con alrededor de 130 millones en total, evidenciando que muchas personas han dejado de recibir estas contribuciones, esenciales para mantener su nivel de vida.
Expertos en economía advierten que el debilitamiento del mercado laboral en Estados Unidos, principal fuente de ingresos por remesas, es un factor determinante. La creación de empleos en ese país ha caído a niveles históricos, en parte debido a las políticas migratorias y a una economía en desaceleración. Como consecuencia, millones de hogares en México enfrentan una mayor vulnerabilidad, ya que las remesas suelen ser su principal ingreso para acceder a bienes y servicios básicos.
Este contexto refleja la fragilidad de un mecanismo que, desde hace años, ha sido clave para mantener la estabilidad social y económica en millones de comunidades mexicanas, y su decrecimiento anticipa posibles efectos sociales y económicos en el país. Se estima que, para 2026, las remesas seguirían en tendencia decreciente, aunque su volumen seguirá siendo crucial para la economía nacional.
En octubre, las remesas recibidas desde Estados Unidos cayeron un 1.6%, alcanzando 5 mil 634 millones de pesos, en comparación con el mismo mes del año pasado. La caída es atribuible, en gran parte, a las políticas migratorias del gobierno estadounidense y la desaceleración económica de ese país, que limita la generación de empleos para las comunidades mexicanas en el extranjero.
