La reducción en envíos desde el extranjero impacta principalmente a las familias de menores ingresos y genera un efecto diferente en cada región del país.
Durante el tercer trimestre del año, un total de 22 estados en México reportaron una disminución en las remesas recibidas desde el exterior, generando preocupaciones sobre su impacto en la economía local y el bienestar familiar. La caída, relacionada en gran medida a cambios en las políticas migratorias en Estados Unidos y una desaceleración económica en ese país, afecta principalmente a regiones donde las remesas representan una parte significativa del ingreso familiar y del Producto Interno Bruto. En entidades como Chiapas y Guerrero, las remesas llegan a representar más del 10% de su tejido económico, convirtiéndose en un respaldo vital para miles de hogares vulnerables. La contracción del flujo de dinero también se refleja en un descenso acumulado del 5.1% en lo que va del año, marcando una tendencia cuya intensidad varía según la estructura económica de cada estado. Expertos en economía advierten que esta reducción podría limitar el consumo y retrasar el crecimiento en varias regiones, especialmente en aquellas con alta dependencia de estos recursos. Ante esta situación, se destaca la resiliencia de algunos estados, como Oaxaca y Baja California, donde las remesas aumentaron respecto al año anterior y continúan siendo fundamentales para sustentar sus economías locales. La tendencia muestra una dinámica divergente que requiere atención especializada para mitigar sus efectos sociales y económicos a mediano plazo.
