Mauricio Hoyos fue mordido por una hembra de tiburón galápagos en Costa Rica, pero su experiencia no le impide seguir estudiando estos animales clave para los ecosistemas oceánicos.
En una experiencia que evidenció la complejidad y vulnerabilidad de las criaturas marinas, el reconocido biólogo mexicano Mauricio Hoyos sufrió una mordida de una tiburona hembra en las aguas de la Isla del Coco, en Costa Rica. La interacción ocurrió en una zona de limpieza, donde pequeños peces remueven parásitos de grandes mamíferos marinos y tiburones, algunos de los cuales podrían encontrarse en estado de gestación. La mordida, que dejó una marca en su rostro, fue interpretada por Hoyos como una advertencia, más que un ataque agresivo. La experiencia enfatiza la importancia de comprender y respetar el comportamiento de estos depredadores, que controlan la salud de los ecosistemas oceánicos.
A lo largo de su carrera, Hoyos ha desarrollado técnicas de marcado con tecnología acústica para rastrear los movimientos, áreas de reproducción y descanso de las especies de tiburones, contribuyendo a la protección de estos animales vulnerables. El investigador, quien desde joven sintió fascinación por estos animales pese a los miedos irracionales generados por el cine, continúa dedicando su vida a la ciencia y a la conservación marina, convencido del rol fundamental que desempeñan en mantener el equilibrio ecológico del océano.
Este no fue su primer encuentro cercano con tiburones: en otra ocasión, una hembra galápagos le mordió en la cintura, demostrando la interacción constante y de riesgo que enfrentan los investigadores en su labor. Sin embargo, su determinación y pasión por la biología marino siguen intactas, y planea regresar a las profundidades en la misma semana para seguir estudiando a estos animales.
