El incremento en cargas fiscales previsto para el próximo año podría elevar la inflación, poniendo a prueba la credibilidad del Banco Central mexicano y afectando la política monetaria.
La implementación del Paquete Fiscal para 2026 contempla incrementos en diversos impuestos especiales y la imposición de nuevos aranceles a importaciones provenientes de países como China, Corea y la India. Estas medidas podrían elevar la inflación en el país, estimándose un repunte cercano al 4.3% en ese año, una cifra que supera el objetivo establecido por el Banco de México. Aunque expertos señalan que estos efectos serán temporales y concentrados en los primeros meses, también advierten sobre el riesgo de que, si la confianza en la política monetaria se diluye, la inflación pueda prolongarse y dificultar la reducción de tasas en el futuro cercano.
El aumento en el IEPS, que incluye mayores gravámenes sobre tabacos, bebidas azucaradas, apuestas y videojuegos, se combina con la subida en aranceles para generar una presión inflacionaria mayor a la prevista. Además, en un momento en que los márgenes de maniobra del Banco Central están más ajustados, estos choques económicas requieren de una respuesta cuidadosa y prudente. La posibilidad de que la inflación registre picos más fuertes en enero y que las expectativas de los agentes económicos no estén adecuadamente alineadas aumenta el riesgo de que se genere un proceso inflacionario más duradero, si no se mantiene la credibilidad en la disciplina monetaria.
Se estima que, en el peor escenario, estos ajustes podrían sumar entre 20 y 40 puntos base a la inflación general, especialmente en precios energéticos, tabacos y bebidas. La clave será determinar si estos incrementos serán transitorios o si perpetuarán una tendencia inflacionaria que complique la recuperación económica. La política monetaria deberá mantenerse vigilante, con la posibilidad de pausar la reducción de tasas para evitar que las expectativas se descontrolen, asegurando así una convergencia efectiva hacia la meta inflacionaria.
Tanto bancos como analistas consideran que, aunque la inflación aumente en el corto plazo, la atención se centrará en la rapidez con la que estos efectos se disipen y en la capacidad del banco central para mantener la confianza en su estrategia de inflación.
