La relación entre demanda y desigualdad afecta la labor arquitectónica crucial en la sociedad.
La arquitectura enfrenta desafíos sociales urgentes, como la crisis de vivienda y el acceso al espacio público. Sin embargo, el mercado tiende a privilegiar a los estratos más altos, donde la demanda se concentra. Esto limita las oportunidades de los arquitectos para abordar problemas críticos que afectan a la mayoría.
Con el aumento de la economía desigual, los recursos se dirigen hacia proyectos de “lujo”, mientras que las necesidades del resto de la población se ignoran. El divorcio entre lo que el mercado atiende y los problemas reales crece con el tiempo, reflejando un sistema que no responde a todas las voces de la sociedad.

