Datos recientes revelan una constante presencia de trastornos emocionales en menores, destacando la importancia de la detección temprana en salud mental infantil.
En Aguascalientes, las niñas, niños y adolescentes vienen presentando indicadores de ansiedad y depresión desde edades tempranas, con registros constantes durante 2024. La atención en el sistema público de salud revela que, en el grupo de 5 a 9 años, la mayoría de los casos corresponden a ansiedad, con un total de 80 diagnósticos, frente a 15 de depresión. Este patrón refleja la necesidad de una intervención temprana en la infancia, ya que el apoyo familiar y escolar es fundamental, aunque en muchos casos llega demasiado tarde o no se suministra adecuadamente.
A medida que los menores crecen, la demanda de atención aumenta notablemente. Entre los 10 y 14 años, se registraron 280 casos, predominando la ansiedad con 202 diagnósticos, y 78 de depresión. La adolescencia media muestra un incremento en los casos, alcanzando 321 en el rango de 15 a 19 años, con una distribución cercana entre depresión y ansiedad. La progresión en estos trastornos indica una tendencia a intensificarse con la edad, sin picos específicos que puedan señalar períodos de mayor vulnerabilidad.
Desde temprana edad, también se evidencian diferencias de género en el perfil de atención. Las adolescentes consultan con mayor frecuencia por depresión, mientras que los varones presentan mayor incidencia de ansiedad. Este patrón se mantiene estable a lo largo del tiempo, sugiriendo que no son episodios aislados, sino comportamientos recurrentes en la salud mental juvenil.
Además de estos trastornos, el sistema público atiende a menores con condiciones como trastorno por déficit de atención e hiperactividad, autismo, epilepsia, trastornos psíquicos, consumo de sustancias, discapacidad intelectual y trastorno bipolar. Aunque en menor volumen, su atención prolongada implica un impacto considerable tanto en los pacientes como en sus familias, resaltando la necesidad de políticas efectivas para la detección y manejo de estas condiciones desde edades tempranas.
Es fundamental reconocer que la creciente prevalencia de problemas emocionales en niños y adolescentes refleja cambios sociales, económicos y ambientales que afectan su bienestar desde la infancia. La atención temprana y la prevención son clave para reducir el impacto a largo plazo en la vida de los menores y la carga sobre el sistema de salud.
