La participación de migrantes en el acuerdo comercial es limitada y son vistos como una amenaza por sindicatos, mientras Estados Unidos intensifica políticas migratorias.
A casi seis años de la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los migrantes mexicanos y centroamericanos permanecen excluidos de las disposiciones del acuerdo, principalmente debido a la influencia de sectores sindicales en Estados Unidos. La falta de inclusión responde a presiones de sindicatos agrícolas y manufactureros que perciben a los inmigrantes como competencia laboral y una amenaza para sus beneficios. Esta situación también refleja una postura migratoria más estricta adoptada por el gobierno estadounidense, especialmente tras la radicalización de políticas durante la administración de Donald Trump.
El acuerdo comercial no solo evita abordar directamente temas migratorios, sino que además ha contribuido a limitar el movimiento laboral transfronterizo, perpetuando la dependencia entre México y Estados Unidos. La migración sigue siendo un factor clave en la economía mexicana, con remesas que en 2024 alcanzaron cerca de 65 mil millones de dólares, la mayoría provenientes del país vecino. La mayoría de los migrantes se concentran en California y Texas, regiones vitales para el mercado migrante y el flujo de recursos hacia sus comunidades de origen.
Cabe destacar que, en muchos casos, la migración responde a la pobreza y la falta de oportunidades en México. La inseguridad en las políticas estadounidenses hace que la situación para millones de migrantes sea cada vez más incierta, y las relaciones comerciales se ven afectadas por el contexto político y migratorio. La integración de este tema en futuros acuerdos sería fundamental para proteger derechos y mejorar las condiciones de los trabajadores migrantes en ambos lados de la frontera.
