La reciente licitación del Tesoro refleja la creciente dificultad de renovaciones en pesos y anticipa una devaluación, en medio de expectativas cambiantes.
La autoridad financiera argentina realizó una nueva emisión de instrumentos en pesos para cubrir vencimientos por cerca de 4 billones, logrando retener aproximadamente la mitad, en un contexto de creciente aversión del mercado a los pesos. La compulsa se centró en títulos ajustados por inflación y por tipo de cambio, siendo los papeles ligados al dólar los más demandados, en tanto que las breves letras con tasas negativas apenas despertaron interés.
Este escenario revela que, pese a la expectativa de financiamiento respaldada por señales desde Washington y la llegada del swap de Bessent, el mercado solo quiere instrumentos que ofrezcan protección contra la devaluación. Las tasas de corto plazo reflejan un nivel de incertidumbre altísima, con tasas cercanas al 60% anual en letras de 90 días, por encima de las cotizaciones del mercado secundario. La mayor parte de la demanda se concentró en títulos dolar-linked, asumiendo un posible salto cambiario hacia los 1.800 pesos por dólar.
La situación evidencia que las expectativas de devaluación se han consolidado, descontando prácticamente esa proyección en las valuaciones actuales. La resistencia del mercado a renovar en pesos muestra un canario en la mina, indicando que si no hay cobertura, la salida de pesos hacia los dólares seguirá intensificándose. La escasez de recursos para refinanciar en pesos, sumada a la desconfianza, convierte cada licitación en una prueba de confianza en la política económica y en la percepción de estabilidad del país.
Los analistas interpretan que, más allá de las señales internacionales, la realidad financiera del país enfrenta un panorama complejo, con una demanda de cobertura que supera los 40 puntos porcentuales de la circulación monetaria en los últimos meses. El reconocimiento de la alta “extrema” condición por parte del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, indica que los próximos meses serán determinantes para evitar una crisis cambiaria y monetaria mayor, especialmente tras las elecciones legislativas del próximo mes.
