Los dos países alcanzan acuerdos que alivian tensiones comerciales, incluyendo la suspensión de medidas sobre tierras raras y compromisos de compra agrícola y exportaciones.
Recientemente, Estados Unidos y China alcanzaron un acuerdo que busca reducir las tensiones en el ámbito comercial y estratégico. En un encuentro en Busan, Corea del Sur, las dos naciones acordaron suspender varias medidas que afectaban el comercio bilateral, destacando la reducción de aranceles y el cese de controles en sectores clave.
Una de las decisiones principales fue que Estados Unidos disminuirá en un 10% los aranceles aplicados a importaciones chinas, principalmente relacionados con precursores del fentanilo, manteniendo la suspensión de otros aranceles recíprocos hasta 2026. Además, no implementará nuevas medidas derivadas del análisis sobre la protección de sectores estratégicos como el marítimo y naval durante al menos un año.
Por su parte, China dejará temporalmente en pausa los controles de exportación sobre tierras raras —un grupo de 17 elementos esenciales en tecnología avanzada— y reforzará el control sobre la exportación de químicos utilizados en la fabricación de drogas ilícitas. En términos comerciales, Pekín anunció que eliminará todos los aranceles de represalia establecidos desde marzo de 2025 y aumentará sus compras de soja estadounidense, con la intención de adquirir más de 12 millones de toneladas en los últimos meses de 2025 y 25 millones anuales desde 2026 hasta 2028.
Asimismo, se reactivará la exportación de chips de generaciones anteriores desde instalaciones chinas y se ampliará la exención arancelaria para productos venidos de EE.UU. Estos movimientos consolidan un escenario donde China, observada como un actor dominante en el comercio mundial, vuelve a priorizar el diálogo y la cooperación económica con Washington, marcando un cambio en su postura frente a las medidas de control anteriormente implementadas.
Este acuerdo forma parte de una estrategia más amplia para estabilizar las relaciones económicas y mitigar riesgos en cadenas de suministro críticas, especialmente en sectores tecnológicos y de recursos naturales.


