La ciencia revela la compleja interacción entre genética, cerebro y psicología en la adicción.
Londres, Reino Unido. Investigadores profundizan en los mecanismos cerebrales y psicológicos que explican la persistente atracción por el alcohol, incluso cuando los individuos son conscientes de sus efectos perjudiciales. El Dr. Chris Knowles, profesor de cirugía en la Queen Mary University de Londres, compartió su experiencia personal y hallazgos científicos sobre la adicción al alcohol.
El consumo excesivo de alcohol es una realidad global, con un 17% de los adultos en Estados Unidos reportando episodios de ingesta desmedida, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. Knowles, autor del libro “Why We Drink Too Much: The Impact of Alcohol on Our Bodies and Culture”, describe su propia trayectoria de consumo, pasando de la diversión inicial a consecuencias negativas significativas.
La respuesta corta, según Knowles, reside en la naturaleza placentera y la percepción de beneficios inmediatos asociados al alcohol. Sin embargo, la respuesta larga desvela por qué la lucha contra el alcoholismo es más ardua para algunos. Factores como la genética, el entorno y la psicología individual influyen en la relación de una persona con esta sustancia.
El alcohol activa los centros de recompensa en el cerebro, similares a los estímulos de necesidades básicas como la comida. No obstante, su consumo continuado también incrementa la neurotransmisión del estrés, generando malestar en ausencia de la bebida, explica el Dr. George Koob, director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y Alcoholismo.
La Dra. Danielle Dick, directora del Centro de Investigación en Adicciones de Rutgers, señala que si bien la predisposición fisiológica juega un papel, la forma en que el cerebro procesa las recompensas y los riesgos es crucial. Individuos con una mayor búsqueda de recompensas y menor aversión al riesgo son más propensos a desarrollar un patrón de consumo creciente.
Factores psicológicos como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la bipolaridad, la esquizofrenia, el trastorno de estrés postraumático, el neuroticismo, la baja autoestima, la ansiedad y la depresión, incrementan significativamente el riesgo de abuso de sustancias. Knowles advierte que beber para escapar de dificultades emocionales o psicológicas, en lugar de hacerlo por mero disfrute, puede ser un predictor de dependencia. “Si beber es un problema, tienes una oportunidad. Si es tu solución, ya has perdido”, sentencia Knowles, subrayando la complejidad de superar la adicción cuando el alcohol se convierte en un mecanismo de afrontamiento.
