A pesar de una fuerte intervención financiera y la pérdida de valor en los activos, los esfuerzos por controlar el tipo de cambio no lograron detener la presión del mercado.
El Banco Central realizó una intervención significativa en el mercado cambiario, desembolsando cerca de 379 millones de dólares en bloques de 50 millones para tentar frenar la suba del dólar. La estrategia buscaba mantener el tipo de cambio dentro de la banda permitida, establecida en 1475,50 pesos, en un contexto de creciente demanda y especulación que llevó a la divisa a superar los 1500 pesos. La presencia del mercado financiero reflejó esta tensión, alcanzando volúmenes de operación cercanos a 590 millones de dólares, y provocando que algunos bancos, como una de las principales instituciones privadas del país, suspendieran temporalmente sus operaciones en línea cuando el dólar minorista se disparó hasta 1525 pesos. Los activos argentinos también sufrieron fuertes pérdidas, con títulos en moneda dura depreciándose hasta un 7,8% en Wall Street y un 14% en el mercado local, en medio de un clima de incertidumbre política y económica. La reacción oficial se produjo tras una derrota parlamentaria que cuestionó las medidas del gobierno y generó acusaciones de intento de desestabilización política. La tensión en los mercados refleja una economía en crisis, donde las políticas de intervención no logran frenar las presiones inflacionarias y cambiarias. La situación evidencia la fragilidad del sistema financiero y la falta de confianza en el rumbo económico actual.
