TULA, HIDALGO. – La mayoría de los participantes en la consulta ciudadana realizada el pasado domingo 14 de diciembre votaron en contra de la construcción del Parque Ecológico en Tula, Hidalgo, sepultando así un plan que había sido presentado como un proyecto de economía circular y restauración ambiental. Este rechazo comunitario se fundamenta en años de desconfianza, organización social y una profunda preocupación por el impacto ambiental en un territorio que, según sus habitantes, ya no soporta más afectaciones.
Desde hace años, colectivos ambientales y residentes han denunciado severas afectaciones a la salud, contaminación persistente y una alta incidencia de enfermedades graves en la región. René Romero, habitante de Tula y representante de la iniciativa Río Tula: Restauración y Justicia Socioecológica e Hidrológica, señaló que las probabilidades de adquirir leucemia en esta zona son hasta cinco veces mayores que en el promedio nacional. Los resultados oficiales del Instituto Estatal Electoral de Hidalgo (IEEH) indicaron una participación del 8.77%, con 12,259 votos emitidos.
El proyecto del parque, anunciado como uno de los 100 compromisos de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo asumidos el 1 de octubre de 2024, generó oposición desde su presentación. Tras la aprobación de la Ley General de Economía Circular en el Congreso de la Unión, las autoridades convocaron a una consulta ciudadana a finales de noviembre. Sin embargo, para los colectivos opositores, el proceso de difusión y consulta distó de ser un ejercicio neutral.
Citlali Martínez Reyes, integrante de la Unión Ecologista San Gerónimo Atlamaco, calificó el proceso como una “simulación” y una “consulta amañada”, argumentando la falta de información suficiente y, en particular, la ausencia de una manifestación de impacto ambiental, requisito mínimo para un megaproyecto de esta envergadura. Según su testimonio, las reuniones informativas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) fueron selectivas y dirigidas principalmente a funcionarios.
René Romero coincidió en la parcialidad de la información oficial, explicando que, aunque el proyecto se denominaba de reciclaje, los detalles técnicos revelaron preocupaciones mayores. Se hablaba de procesar hasta 1,000 toneladas diarias de basura, excediendo la capacidad de generación local y sugiriendo la importación de residuos. A pesar de los renders que mostraban un parque ecológico y centros de investigación, nunca se detallaron los impactos negativos de las plantas de procesamiento ni la escala metropolitana del proyecto, que contemplaba recibir residuos de Hidalgo, la Ciudad de México y el Estado de México.
Las alertas se encendieron ante la mención de procesos como la incineración de lodos, el manejo de llantas, residuos industriales y tecnologías como la pirólisis. “La región no aguanta un impacto ambiental más. Primero se necesita resolver lo que ya está, la contaminación histórica y los daños a la salud”, sostuvo Romero. Los colectivos consideran que el discurso de justicia ambiental fue un mero “gancho”, ya que su demanda de un “pulmón verde real” se contrapone a la intención de traer “basura” a la región.
