La modificación fiscal ha obligado a muchos ciudadanos a modificar sus hábitos de consumo. Adela, una consumidora, lamentó el incremento: “La que costaba 42, ya está en 50 pesos, es lo que hablábamos que había que empezarle a bajar porque la verdad que está más difícil andar pagando tanto”. Otros, como Don Ernesto, reconocen la naturaleza adictiva de estas bebidas y la dificultad de dejarlas, a pesar del costo.
Ante la nueva realidad económica, algunas personas han optado por alternativas más naturales y económicas. María, por ejemplo, ha decidido preparar sus propias aguas de sabor: “Hoy de hecho ya mejor llevo fresas para un agua de sabor, sale más barato que comprar el refresco; mejor voy por el kilo de azúcar y unas frutas de temporada”.
Desde otra perspectiva, Carlos expresó su preocupación por el impacto en las ventas de las empresas refresqueras: “Si sigue subiendo el precio yo creo que van a caer más ventas. No me parece una buena idea, sobre todo para un país como México”.
A pesar de las alzas, los refrescos siguen siendo un producto popular en pequeños negocios de comida, aunque los comerciantes observan que algunos clientes ya reducen su consumo o comparten una sola bebida.
Si bien la autoridad federal justifica el aumento del IEPS como una medida para fomentar hábitos más saludables, la respuesta en la calle es mixta. Mientras unos ajustan su consumo por razones económicas o de salud, otros admiten que la dependencia de estas bebidas hace difícil suprimir su ingesta, incluso ante precios más elevados.
