A pesar de problemáticas ambientales, un tramo del Río Lerma en Guanajuato aún alberga especies silvestres únicas, gracias a la ausencia de actividades industriales.
Una sección del Río Lerma en Guanajuato, de aproximadamente 32 kilómetros, revela un ejemplo de resiliencia ambiental en un contexto de conflictos ecológicos. Desde su salida en la Presa Solís hasta la comunidad de Providencia de San Agustín, este tramo del río atraviesa varias comunidades, incluyendo Solís, Agua Caliente, y Acámbaro. A diferencia de otras zonas, aquí la presencia de industrias es mínima, lo que ha permitido que la flora y fauna silvestre persistan a pesar de fenómenos como la descarga de aguas residuales y basura.
El río recibe escurrimientos directos de los bosques montañosos de la serranía, principalmente desde la Presa Solís, fuente que garantiza un flujo de agua que ha favorecido la supervivencia de especies nativas. Entre la fauna que aún puede observarse se encuentran tortugas como la Casquito o Pecho Quebrado Mexicana, garzas en búsqueda de alimento, libélulas y aves carpinteras que anidan en las ramas. La presencia de especies como el pez Charal del Lerma evidencia que aún existen hábitats saludables que no han sido completamente afectados por la actividad humana.
A pesar de los desafíos ambientales en la región, la ausencia de actividades industriales pesadas en este tramo ha jugado un papel crucial en la conservación de su biodiversidad. La comunidad conservacionista enfatiza que este ejemplo demuestra que, con una gestión adecuada y protección de los ecosistemas, es posible mantener espacios donde la vida silvestre prospere en medio de zonas urbanas y rurales.
Este tramo del Río Lerma resalta la importancia de los esfuerzos de conservación en áreas que aún conservan su carácter natural, aportando un refugio para especies en peligro y sirviendo como referencia para las iniciativas de recuperación ambiental en otros sectores del río.
