Saltillo, Coahuila. – La marcha del 8 de marzo en Saltillo vivió un episodio tenso al finalizar cuando se formó un bloque de mujeres policías que impidió el paso de un contingente transincluyente. Este grupo, que incluye a víctimas de violencia vicaria y activistas proaborto, se sintió excluido, generando empujones y reclamos.
El enfrentamiento se produjo frente a una lona que advertía sobre la limitación de la marcha, evidenciando una fractura significativa entre las colectivas que participan en este evento. Las líderes de la agrupación Furia Feminista, que organiza el bloque radical, justificaron su postura separada al señalar que ha habido conflictos en años anteriores que llevaron a la violencia.
A medida que los disturbios aumentaron, las participantes expresaron su descontento por la intervención policial que, según ellas, no había intervenido en situaciones previas donde eran necesarias. Teresa Meraz, de la colectiva Aborto Seguro, denunciaron que la policía no protege adecuadamente los derechos de las mujeres. Esto provocó que el ambiente se tornara aún más conflictivo durante la marcha.
A pesar de que las cifras oficiales mencionan la participación de 15 mil personas, muchos notaron que la asistencia fue notablemente menor que en años anteriores. Varias mujeres decidieron retirarse del evento tras los conatos de agresión y la fractura evidente de los contingentes. La presencia de la policía, además de ser evidente en la valla, se hizo notable en el recorrido de la marcha, lo que generó frustración y protestas.
Al finalizar el evento, las divisiones entre las colectivas feministas dejaron claro el camino que deberán recorrer para unirse nuevamente. La representación de las diversas luchas feministas sigue siendo un reto, con la esperanza de que los próximos encuentros miren hacia la inclusión y el entendimiento.

