Ciudad Juárez, Chihuahua. – Rodrigo, un joven de 19 años, se encuentra recluido por segunda vez en el Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (Cersai) No. 2, cumpliendo una condena por delitos de secuestro y tortura. Tras un año y ocho meses de internamiento, le restan aproximadamente un año y cuatro meses para completar su pena máxima de cinco años.
Originario de la colonia Aztecas, Rodrigo participó en actos delictivos como cuidador y torturador de personas secuestradas a cambio de al menos 4 mil pesos semanales. Su testimonio revela la brutalidad del crimen organizado en la región y cómo lo sedujo la adrenalina de sus actividades delictivas desde temprana edad.
Desde los 14 años, Rodrigo ha estado involucrado en una historia delictiva que comenzó con un homicidio, lo que lo llevó a su primera detención a los 15. Influido por “malas amistades” y el consumo de drogas desde esa edad, admite que aunque sus acciones eran motivadas por la emoción, el costo emocional ha sido profundo. Ha perdido a tres amigos de la infancia, lo que añade un matiz trágico a su vida.
Aunque expresa que no se siente arrepentido por su pasado, reconoce que su condena actual representa una oportunidad para corregir su camino. Asegura que no regresaría a delinquir como antes y que, de tener otra oportunidad, pensaría con cautela antes de actuar. Para Rodrigo, estar en el Cersai es mejor que enfrentar una larga condena como adulto, que podría oscilar entre 25 y 50 años.
Asumiendo la realidad de su situación, Rodrigo busca un futuro diferente, reflexionando sobre sus elecciones pasadas.

