Ciudad de México, México. – La coalición de Morena enfrenta crecientes tensiones internas sobre la reforma electoral. A pesar de proclamar unidad y apoyo al proyecto de Claudia Sheinbaum Pardo, el tema de la reforma ha desaparecido del discurso, lo que puede indicar un conflicto latente entre sus aliados.
La dirigencia de Morena, bajo Luisa María Alcalde, muestra una paradoja: su poder institucional contrasta con un control político real limitado. Esto se debe a que el Partido del Trabajo y el Partido Verde han evolucionado hacia actores políticos más independientes, buscando crecer en sus territorios y negociar sus propias condiciones.
Alberto Anaya del PT ha priorizado la sobrevivencia de su partido, mientras que el Partido Verde, dirigido por Karen Castrejón, ha ganado un poder regional notable. Este cambio en dinámica complica la implementación de cualquier reforma electoral, ya que propuestas como la reducción de plurinominales son vistas como amenazas por estos partidos medianos.
En el Congreso, figuras como Ricardo Monreal se han enfocado más en manejar desacuerdos que en impulsar una reforma consensuada. La prioridad se ha desplazado hacia evitar rupturas abiertas, con Manuel Velasco en el Senado actuando como mediador entre los intereses de Morena y los de sus aliados, mientras cada partido prioriza su propio futuro político.
La reforma electoral no avanza porque no representa una causa compartida entre los aliados de Morena, quienes la aceptan solo mientras no comprometa su viabilidad política.

