Ciudad de México. – El reciente brote de sarampión en México ha despertado alarmas sobre la salud pública. Este virus, que se pensaba controlado, ha llevado a cuestionamientos sobre la cobertura de vacunación y las campañas urgentes necesarias para contrarrestar su propagación, además de poner de manifiesto el rol crucial que las mujeres desempeñan en la gestión de la salud familiar.
La asignación cultural del cuidado de la salud ha recaído históricamente en las mujeres, quienes asumen la responsabilidad de gestionar consultas médicas y acompañar a familiares a hospitales. Este fenómeno no se debe a la vocación, sino a una construcción social que ha llevado a las mujeres a asumir estas labores como parte natural de su rol, relegándolas a actividades que no son reconocidas como trabajo.
Las interrupciones constantes en sus rutinas laborales son frecuentes. Las mujeres deben salir anticipadamente del trabajo o solicitar permisos para atender citas médicas, lo que no solo afecta su productividad, sino que también impacta en su desarrollo profesional y financiero. Cada pequeño inconveniente se acumula, creando trayectorias profesionales más fragmentadas y con menos oportunidades de ascenso.
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del Inegi señala que las mujeres en México dedican más del doble de horas que los hombres a trabajos de cuidados no remunerados, lo que incluye la gestión de la salud. Este aporte invisible tiene un costo significativo, ya que consume tiempo, energía y atención, elementos esenciales para el equilibrio entre la vida profesional y personal.
Frente a estas realidades, es esencial promover un cambio en la percepción y distribución de las responsabilidades de cuidado. Futuros esfuerzos deberían enfocarse en políticas que reconozcan y valoren el trabajo de las mujeres en la gestión de la salud, al tiempo que invitan a una mayor participación de todos los miembros de la familia.

