Ciudad de México. – El ejército mexicano enfrenta retos significativos en su lucha contra el crimen organizado, evidenciados por su capacidad limitada para llevar a cabo operaciones ofensivas. Desde 1982, México ha adquirido solo 12 aviones de combate, quedando actualmente operativos únicamente tres de ellos. Esta situación ilustra la falta de inversión sostenida en capacidades militares.
A lo largo de los últimos 50 años, el gasto en defensa ha sido notablemente bajo en comparación con otros países latinoamericanos. Con una proporción de 2,7 militares por cada 1,000 habitantes, la cifra está muy por debajo de naciones como Chile, Brasil y Colombia. Esta dinámica coloca al ejército mexicano en una posición compleja ante los desafíos de seguridad interna.
Aunque el tamaño del ejército y su rol han cambiado en los últimos años, los eventos recientes han puesto de manifiesto su limitación para contener respuestas violentas tras acciones significativas contra líderes del narcotráfico, como se evidenció después de la muerte de “El Mencho”. A pesar de los esfuerzos, el control del vasto territorio sigue siendo un desafío.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha destacado la valía del ejército, aunque muchos analistas reconocen que la influencia histórica de Estados Unidos ha moldeado la estructura del ejército mexicano. Desde restricciones significativas en la adquisición de armamento hasta el armado de un ejército que evita convertirse en una amenaza interna, el contexto geopolítico ha tenido un papel crucial en su evolución.
La percepción pública del ejército es compleja, con una aceptación alta en la sociedad y un simbolismo arraigado en la historia de México. No obstante, la realidad de un ejército limitado en su capacidad letal y en su función ha planteado interrogantes sobre su futuro ante un entorno de crimen organizado en constante evolución.

