Ciudad de México. – La implementación de la Inteligencia Artificial (IA) podría estar amplificando desigualdades de género existentes. Diferentes organismos han señalado que estos sistemas, que aprenden a partir de datos históricos, no operan de manera neutral y reflejan un mundo con escasa diversidad.
Los datos y decisiones que alimentan estos sistemas provienen en gran medida de entornos poco representativos. Esto genera que las decisiones sobre qué información es relevante sean limitadas, lo que contribuye a mantener o incrementar las brechas de género en diversos ámbitos, incluidos el laboral y el tecnológico.
La adopción de estas herramientas también varía entre las personas. Mientras algunas integran rápidamente la IA en sus actividades cotidianas, otras son más cautelosas y evalúan sus implicaciones antes de adoptarlas. Esta disparidad influye en la automatización de tareas y en la forma en la que se organizan los espacios de toma de decisiones.
Por ello, la pregunta no es si la IA es neutral, sino cómo se están desarrollando estas tecnologías. De no abordarse adecuadamente, los riesgos de una ampliación de las brechas de género en este nuevo entorno se vuelven reales y preocupantes. La presión está sobre los desarrolladores y las instituciones para asegurar que estas herramientas promuevan la igualdad en lugar de perpetuar desigualdades.
En este contexto, será crucial que se promueva una mayor diversidad en los equipos de diseño de IA y se implementen políticas que mitiguen los riesgos asociados con su uso. Solo así se podrá avanzar hacia un futuro donde la tecnología beneficie equitativamente a todas las personas.

