La ceremonia parlamentaria se vio marcada por tensiones internas y acusaciones de incumplimiento de reglas, evidenciando divisiones en el oficialismo.
La llegada de Patricia Bullrich al Senado durante su primera participación en la cámara fue acompañada de un clima de confrontación y disturbios internos. La ministra de Seguridad cuestionó la ubicación de colegas que, según ella, ocupaban espacios que correspondían a su bloque libertario, generando una disputa que trascendió lo protocolario y evidenció divisiones en el cuerpo legislativo. La polémica se incrementó cuando Bullrich reaccionó al notar que algunos legisladores juraban en presencia de más personas que las permitidas acordadas previamente, lo que derivó en una confrontación con otros senadores y miembros del oficialismo. La situación llevó a la dirigente a intentar participar en el debate, pero fue impedida por las reglas del recinto, y eventualmente, abandonó el lugar sin poder expresar plenamente su postura. La tensión refleja las fisuras existentes en el actual escenario político, marcadas por diferencias sobre el orden y la autoridad dentro del Senado.
