Tijuana, Baja California. – La temporada invernal ha traído consigo un notable incremento en las enfermedades respiratorias estacionales, un fenómeno multifactorial que combina condiciones climáticas y hábitos sociales, según explicó Carlos Antonio Zapata, médico especialista.
Las bajas temperaturas características de esta época del año provocan resequeza en las vías respiratorias y un debilitamiento general de las defensas del organismo. Esta combinación facilita la supervivencia y proliferación de virus, aumentando significativamente el riesgo de contraer infecciones respiratorias en la población.
Además de los factores climáticos, la convivencia frecuente en reuniones familiares y sociales, típicas de la temporada, juega un papel crucial. Estos encuentros suelen ocurrir en espacios cerrados y con ventilación limitada, lo que propicia la transmisión de virus respiratorios de persona a persona.
Los virus respiratorios se propagan principalmente a través de micropartículas expulsadas al hablar, toser o estornudar. Estas partículas pueden permanecer suspendidas en el aire de ambientes cerrados y ser inhaladas por otras personas, dando lugar a nuevos contagios.
El doctor Zapata también señaló que la disminución de la inmunidad durante el invierno, asociada a una menor exposición solar, periodos de estrés, falta de sueño y alteraciones en la dieta habituales durante las festividades, contribuye a una mayor vulnerabilidad.
Grupos de especial riesgo como niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas son particularmente susceptibles a desarrollar cuadros severos o complicaciones respiratorias. El COVID-19 se ha integrado a este panorama como una enfermedad respiratoria estacional más, por lo que se enfatiza la importancia de la vacunación anual, especialmente en los sectores de mayor riesgo.
En cuanto a las medidas de prevención, se recuerda la efectividad del uso de cubrebocas, especialmente para personas con síntomas respiratorios o que conviven con individuos vulnerables. La higiene básica, como el lavado frecuente de manos, la ventilación adecuada de espacios cerrados y la evitación de cambios bruscos de temperatura, son herramientas fundamentales para reducir el riesgo de contagio.
Se recomienda encarecidamente evitar asistir a reuniones sociales si se presentan síntomas de enfermedad, una medida que ayuda a romper las cadenas de transmisión y protege tanto a familiares como a personas cercanas.
